Como parte de la celebración del Día Mundial de la Gastronomía Mexicana, hablaremos sobre las problemáticas por atender, puntos  ¡de vista y miras al futuro de la gastronomía mexicana en honor. Hoy les compartimos la segunda parte de la colaboración de Daniela Casas Hernández. 

Parte 2. Pobreza alimentaria..

Ya sé. No son el tipo de datos que a una le dan gusto escribir o leer sobre la gastronomía mexicana, pero es necesario que sepamos qué responsabilidades contraemos al tener un nombramiento de este tipo. La comida es una expresión viva de las culturas, el ser humano ha ido interesándose en sus detalles desde muchas disciplinas y así es como debemos atender las problemáticas, con la participación activa de cada uno.

Después de todo, la comida es una actividad de cohesión y esparcimiento. Por ejemplo, en el tema de la pobreza alimentaria podemos exigir mejores soluciones a los sistemas de desarrollo sociales que existen. No es secreto que llevamos más de 10 años haciendo esfuerzos enormes para visibilizar este tipo de problemas.

Desde diferentes administraciones se han creado programas asistenciales de desarrollo que aplican soluciones de manera pareja, sin contextos o medidores de crecimiento más que el económico. Y aunque el crecimiento económico define todo, el Estado también tendría que asegurar la soberanía alimentaria (que es el derecho humano que incentiva, tanto a individuos como a comunidades, a definir sus mecanismos de producción, procesamiento y consumo de los alimentos) más no ha sido capaz de tener contundencia o de aminorar la cantidad de gente padeciendo pobreza alimentaria.

La manera en la que se dimensiona la pobreza es a través de seis carencias una de ellas es la alimenticia y se mide con las posibilidades que tiene una familia de adquirir la canasta básica: en zonas urbanas su costo es de $1,516.62  y en zonas rurales es de $1,073.65, mientras que el salario mínimo mensual es de $2,686.14. Si suponemos que las familias tienen de 4 a 6 integrantes como mínimo y que los ingresos los generan 1 o 2 personas en la casa, asumimos que la posibilidad de comer de manera saludable y rica es muy baja. Tan baja que, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, 4 de cada 10 mexicanos no la tienen. El último CENSO arrojó que en este país se contaron 120 millones de personas, lo cual nos dice que al menos 48 millones de connacionales (40%) no comen saludable, ni rico y apenas algo.

México se encuentra en tal situación de desigualdad,  que no podemos acortar la distancia que existe entre los platos y las bocas de todos los que viven aquí. Si seguimos tratando a la gastronomía como un ente que nada más se atiene a las tradiciones, entonces le quedamos a deber a todos quienes no comen hoy ni mañana.