Por Daniela Casas Hernández.

A eso de las 12 del día iban llegando a General Prim los chefs Hiroshi Kawahito y Juan Pablo Sánchez, se les notaba tranquilos, relajados, como cuando llegas a casa de uno de tus amigos y estás seguro de que la vas a pasar bien. Ya estaba todo listo para arrancar con la jornada sabrosa, en Sobremesa, las plumas y cucharas estaban perfectamente alineados para presenciar lo que sería una épica batalla entre el Pho y el Ramen.

“Ya pon a hervir el caldo”, le indicaba el chef Juan Pablo a su sous chef mientras él sacaba cantidad de refractarios con carne de cerdo y especias en sus interiores. Parecía la afinación de la orquesta, todo iba tomando un lugar en aquella cocina, había que picar un poco de cebolla y que preparar los platos en donde serían vertidas las gracias de estos brebajes asiáticos.

El chef Hiroshi, por otro lado, también empezaba a prender los fogones y a acomodar su mise en place a toda velocidad. Se les nota la experiencia ya, esta batalla pintaba para ser épica desde el momento en el que los caldos rompieron hervor y los jurados se acomodaron en las sillas.

“Un buen ramen se distingue por su caldo, hay que revisar que tenga textura, que sea profundo. Además que los fideos se hagan al momento, que se mantengan flexibles”, dijo el chef Hiroshi cuando le preguntaron detalles técnicos de tan sabroso potaje. Entender la complejidad del mismo requiere años de especialización pero sobretodo  un acercamiento real a la cultura que lo cocina. Estos cocineros tienen bagaje, su comida sabe a los viajes que hicieron, a los lugares donde aprendieron a mover las cucharas.

El Pho va con fideos de arroz y el chef Juan Pablo explicó, mientras  lo emplataba, que la carne por lo general va casi cruda. Incluso ofreció prepararlo de esa manera a quién su paladar le exigiera una experiencia más aventurada. Después limpió los bordes de los tazones para que se fueran repartiendo al ansioso jurado. El chef Hiroshi iba pisándole los talones, ambos demostrando su experiencia en la línea; ambos cociendo los fideos al final; ambos veloces y exactos, como sólo la cocina te enseña a ser.

Pasadas las dos de la tarde ya se habían vaciado los tazones, sin duda ambos platillos fueron del agrado del vacilante jurado, hubo quienes se tuvieron que tomar un rato (y unas cervezas) antes de emitir su voto. No es fácil, son dos comidas muy diferentes. Los aromas que reinaron este momento de Sobremesa serán inolvidables, acabábamos de presenciar una discusión como ninguna otra.

En el centro del Proyecto Público Prim se anunció vencedor al chef de Saigón. Juan Pablo Sánchez Ramos se llevaría a casa el trofeo Comilona #8 y pasará a la historia junto con sus delicias. El chef Hiroshi, de Zoku, y él se abrazaron en júbilo mientras festejaban el fin de la batalla. A estos guerreros del fogón les debemos corazones contentos. Cuando gana la comida, todos ganamos.