Por Daniela Casas Hernández.

“Se avecina una fiesta” me decían las copas brillando, rebotando la luz en todo el cuarto. 

La cocina de Sobremesa estaba lista para recibir a los invitados y la cata de Bohemia, en la ocatava Comilona, ya estaba por arrancar: cuatro de la tarde y el sommelier José Luis Umaña comenzó a hablar sobre la hechura y el descubrimiento de la cerveza.

El nos decía que el hombre, en toda su historia, se ha empeñado en descubrir e inventar su sustento, pero que la cerveza fue una suerte de ambas. Yo le creo.

A vista, olfato y degustación se entiende a la cerveza; viéndola a contra luz para encontrar los matices dorados y limpios que burbujean en la Bohemia Clara. Nos comentaba el sommelier que solo así se van encontrado diferencias entre las texturas que puede tener una cerveza.

Metiendo la nariz al vaso para registrar el aroma a trigo característico de la Bohemia Weizen, y saboreando la elegancia de la Bohemia Obscura que te recuerda al café de las pinceladas de chocolate.

Con estos parámetros expuestos se vino la historia de la cerveza y por qué es una bebida tan importante para la humanidad. 

Su viaje por el mundo, desde Mesopotamia, donde nació, ha ido aportándole características de sabor y elaboración que se acomodan al gusto de cada cultura. No me parece raro que se desate la convivenicia al paso de los tragos. Podría decirse que levantar la copa es un tipo de tregua con el mundo.

Y así pues, en la mesa de General Prim 30, entre sabores, puedo pensar que es curioso cómo existen aromas que te hacen viajar a situaciones muy específicas y explorar las bebidas espirituosas en compañía de las cervezas nos transportó a otras comilonas. 

Voy a los banquetes que empezaron un día en el mercado y terminaron en carcajadas desveladas con nuestros amigos, a aquellos que no sabemos que guardamos pero que forman parte de nosotros. 

Entiendo que cambiar la manera en la que nos relacionamos con las cervezas y los destilados nos hace descubrir un paisaje de sabores completamente distinto al de la cotidianidad. 

Y el sommelier Umaña lo ejemplifica con el rito de la cerveza clara con el mezcal joven y el limón; con la traducción de una copa de ron y una Bohemia Obscura; mundos que pocas veces nos detenemos a examinar, mundos donde es posible construir nuevos sabores en boca.

Las primeras gotas de lluvia van apareciendo a las cino y cuarto, y la charla va acabando.

Los invitados ya tenían sonrisas satisfechas en sus caras pues la emoción de haber aprendido algo nuevo era palpable. Habíamos entendido algo nuevo. Se fueron acabando los contenidos de las copas y el aplauso de despedida y agradecimiento rompió con el trance. 

La apertura de los convidados hizo la experiencia mucho más sabrosa; sin duda nos quedamos con ganas de más saber y de más explorar entre sabores. 

Sin embargo es una fortuna que aprendiendo de la mano de expertos podemos, si deseamos, replicar estas tertulias que traen tanto goce y rompen paradigmas. Poco a poco nos vamos haciendo de modos para disfrutar más la vida. Bohemia nos regaló, aquella tarde, uno para aplicar día a día.