Por: Daniela Casas Hernández.

¿Me creerían si les contara que durante los temblores de septiembre un restaurante mandó más de 120 toneladas de ayuda a Oaxaca?

La verdad es que yo no podía creerlo hasta que llegué a Comixcal. En Dr. Atl y Salvador Díaz Mirón, en el mero corazón de la Santa María la Rivera me esperaban los dueños Marahí y Alexis para platicarme cómo lo lograron. La historia está buenísima y el aplauso es meritorio porque lo que ellos están haciendo son justo las acciones con las que cualquier culinaria se nutre.

Y es que sí, sólo trabajando con y para las comunidades que te dan identidad se pueden lograr redes sustentables para alimentar y visibilizar el trabajo de todos los involucrados en las cadenas de producción de alimentos. Marahí es del Itsmo de Tehuantepec, es una mujer oaxaqueña que estudió gastronomía en la Ciudad de México y que conoce su legado perfectamente, creció con la cocina su barrio oaxaqueño. Alexis es antropólogo de profesión, su casa está en Valles Centrales en la parte central del estado y no duda al llamarse a sí mismo “activista de la comida”.

Me platicaba Marahí que para hacer el menú de Comixcal han establecido límites entre las comidas oaxaqueñas, las han ido sacando del anonimato de la regionalización, de ese manto de chilhuacle que cubre a todo platillo oaxaqueño. En este restaurante se reconoce que los productores son los verdaderos sabios de los ingredientes que les venden. Y que con esto, se han encontrado con rasgos muy específicos en las maneras de comer de la gente de sus respectivas regiones.

“Una de las grandes discusiones que siempre tenemos Alexis y yo es la tortilla, porque en los Valles Centrales se come blanda, o sea la tortilla suave, y nosotros comemos con totopos.”

No sé si conocen el Itsmo pero me dice Marahí que hace mucho más calor que en el Valle, que por eso se orea la comida, por eso se hacen totopos y camarones secos. La comida entonces, traduce la cotidianidad de comunidades muy alejadas a la nuestra y comiéndola logramos entenderlas porque, de alguna extraña manera, tienen sentido en el paladar. Existe un acuerdo tácito entre las cocinas mexicanas donde se reconocen frente a sus diferencias. En Comixcal se dieron cuenta de que podían utilizar éste como medio para que la ayuda llegara a sus casas esquivando saqueos, rapiñas y balaceras que la carretera a Oaxaca proponía hace unas semanas.

Ellos comenzaron a ayudar desde el sismo del 7 de septiembre así que para cuando sonó la alerta sísmica en la CDMX el 19, ya estaban cargando un camión con sus – en ese entonces- últimas 20 toneladas de acopio. “Rápido hicimos brigadas. Teníamos palas, equipo de curación o sea, lo que íbamos a mandar para allá ya no se fue. Lo bajamos y lo repartimos a las brigadas brigadas que llegaron y nos quedamos como albergue y como centro de canalización de recursos”. Los siguientes dos días la gente no los dejó solos entonces repartieron tortas y sándwiches, mandaron comida hasta Xochimilco en bicis. En aquellos días la ciudad se sentía larga casi como infinita pero ver a tus vecinos pasando agua de mando en mano acortaba los momentos de angustia.



Así como Oaxaca tiene muchas realidades también las tiene la Ciudad de México, sin embargo es evidente que el temblor para las realidades indígenas suele ser más crítico. Desde ahora estamos obligados a pensar en la disparidad en tiempos de crisis pues la pérdida de ciertos bienes culturales es para algunos también la pérdida de recursos económicos y oportunidades. En Oaxaca el temblor inhabilitó infraestructura clave para el transporte de insumos y artesanía, puso en riesgo parcelas de variedades criollas de maíces y enfrentó a las comunidades indígenas a la ropa de la ciudad, a las comidas enlatadas y a esta modernidad urbana a veces tan ambigua.

“Era una responsabilidad muy grande porque nuestros contactos allá son nuestra familia, son nuestros proveedores de totopos, de queso, de mezcal. Al final terminamos con una red de aproximadamente 150 personas que se habían conectado porque la comida nos llevó a conocernos entre nosotros” dice Alexis emocionado cuando me cuenta qué sintió después del sismo que “terminó de ponerle en la torre a Oaxaca” el 23 de septiembre . “La gente lo estaba pidiendo, finalmente para ellos iban los recursos y no nos dejaron dejarlos” le responde Marahí con sonrisa de satisfacción en la cara, sentada frente a él.

El restaurante tiene 8 mesas, una carta de 12 mezcales endémicos, 2 dueños comprometidos con sus comunidades y muchos retos por superar en cuestiones de reactivación económica. Ellos saben que en la colonia las cosas están cambiando porque comienzan a ver más y más anuncios de inmobiliarias colgados en los edificios que les arman el paisaje. Saben que el compromiso que los cocineros deben de adoptar para conectarse con sus comunidades se cuece a fuego lento y que va concentrándose para hacerse complejo y rico para todos. Eso es lo que ellos ofrecen plato tras plato.

Comixcal abre de martes a sábado de 02:30 de la tarde a 10 de la noche y los domingos de 2:00pm a 6:00pm de la tarde. Cuando los visites pídeles que te hablen de su cocina, permíteles explicarte de donde vienen mientras que te echas unos mezcales con tus amigos. Comer es bien interesante en aquella esquina de la Santa María.

Redes: @Comixcal en FB, TW e IG.